Un problema que he visto siempre a cualquier tipo de bizcocho elaborado con harinas sin gluten, al menos en las que yo uso que son la de arroz y la de maiz para ellos, es que quedan un poco apelmazados, con muy buen sabor pero con una textura diferente a los hechos con harinas con gluten. Lo de siempre, vaya, aquello de la elasticidad del gluten.
Para aquellos que tengais thermomix os voy a dar el truco que yo uso ultimamente y que ha mejorado considerablemente la calidad de mis bizcochitos.
Poner la mariposa en las cuchillas, añadir los huevos y el azúcar y programar 7 minutos, temperatura 40º, velocidad 3. Una vez que acabe el tiempo, quitar la temperatura y programar 6 minutos más. Os quedará una mezcla muy consistente.
Por supuesto esto lo podéis hacer a mano, aunque es un poco más complicado. Debéis tener el bol donde mezcleis al baño María, pero sin que llegue a hervir el agua y, por supuesto, sin que el bol dé en el fondo del cacharro que esté al fuego para que no se cuajen los huevos.
Bueno, y llevaba una temporada haciendo este paso y luego seguía agregando ingredientes a la thermomix, pero, el sábado, inspirada por un programa de cocina y probando el bizcocho de Marigui (dos post por debajo) decidí sacar la mezcla y añadirlo todo manualmente y muy despacio. Primero las grasas, bien aceite o bien mantequila, luego el yogur (en caso de llevarlo (y después las harinas previamente mezcladas con la levadura o gasificante).
Lo que conseguimos así es que nuestra masa esté oxigenada, le entre aire y no baje o sea líquida.
El siguiente truco es darle el punto de cocción claro, porque si lo dejamos crudo bajará bastante. Aquí no doy tiempos porque cada horno, cada molde y cada cocinero somos un mundo.
Espero que os funcione.
Para empezar tengo que darle las gracias a la autora de esta receta que es Atina, una chica sueca, residente en Málaga, que es un encanto y que forma parte del foro de Mundorecetas. Este dulce en realidad se llama Bizcocho sueco de clavo y canela, pero yo el año pasado lo descubrí para estas fechas (aun no sabiamos que Martín era celiaco) y cuando lo hice y lo probé, me supo a Navidad. Este año que hay tantas cosas en el mercado que el peque no puede comer, he decidido hacer clásicas en mi casa para la Navidad, recetas que no son ni clásicas ni quizás navideñas, pero por su sabor, olor y su ausencia de gluten, nos van a ayudar a que estas fechas sean algo más dulces que el resto del año si cabe. Espero que os guste tanto como a mí, porque tengo que confesar que es uno de mis favoritos. Aquí os dejo la receta, con el permiso de Atina.
Me curré el otro día un post con su toque irónico, su notilla de humor y la desdramatizacíon de nuestra enfermedad común que bitácoras me echó por tierra y que luego fui incapaz de repetir. Mis musas debieron largarse corriendo al Corte Inglés y ni ellas, ni mi jefe que me vigilaba, me dieron una segunda oportunidad.