lunes, 16 de abril de 2007

¿Como era aquello? Ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio ...

No sé si es así exactamente el refrán, pero es un reflejo de dos situaciones en las que yo, como celiaca, no he sido víctima, sino verdugo.

Yo, que tanto reivindico mi condición de celiaca y pido comprensión y que me siento a la mesa con amigos que piden para compartir cosas que yo puedo comer, he tenido dos meteduras de pata en cuatro días.

En la primera ocasión una tía mía, y aunque yo no había dicho expresamente que fuera a ir, había preparado un dulce "apto para celiacos" y no les digné con mi presencia.

En la segunda ocasión, en una cena con dos amigas, centrada yo como estaba en elegir unos entrantes que yo pudiera comer (siempre me dejan a mí), olvidé por completo que una estaba embaraza y que tenía prohibido totalmente comer jamón serrano.

Ninguna de las dos se ha quejado ni me ha hecho ningún reproche. Es mi conciencia la que no está tranquila y me hace recapacitar.

Los celiacos nos quejamos mucho y no siempre ante quien nos tenemos que quejar, yo en concreto pienso que las exigencias sólo podemos tenerlas para con la Administración que es quien tiene que darnos garantías sobre nuestra salud, tanto a nivel de etiquetado, como de atención en la sanidad como de ayudas económicas, de integración, de no discriminación ... De lo que haga falta, que para eso están.

Pero ¿que podemos exigir a los particulares? ¿ que podemos exigir al señor de un restaurante que no está ducho en medicina ni en enfermedades? ¿que podemos exigirle cuando tiene un local abarrotado y no da abasto? ¿que podemos exigir a una amiga que no sabe cocinar y siempre lo apaña con una pizza? ¿podemos exigir que nos pongan pan sin gluten y que nos sirvan una cervecita nada comercial en cualquier bar?.

Mi respuesta es que no.

No podemos exigir nada, sólo esperar y confiar en la buena voluntad de la gente, en que se solidaricen con nosotros, en que el señor del bar de tu barrio sepa de tu problema y se enrolle con el aperitivo, y hasta que te pida la cerveza que puedes tomar y la tenga fresquita para tí; y en el restaurante donde nunca has ido que alguien con tu mismo problema haya pasado antes por allí o que el cocinero o el camarero quieran darte un buen servicio y que tu amiga cambie pizza por ensalada o filete.

Y que no se nos olvide nunca, si la montamos en un restaurante porque al señor de turno no le apetece freirnos las patatitas en aceite limpio, puede que el próximo celiaco que vaya a ese mismo sitio directamente sea etiquetado como del mismo club que el anterior.

Tolerancia empezando por nosotros mismos.

sábado, 14 de abril de 2007

La esperanza es lo último que se pierde

Por fin blogger me ha dejado acceder a mi propio blog. Ni comentarios he podido dejar en unos cuantos días, como en mis peores tiempos en bitácoras. Lo peor es que no puedo en casa (hoy sí) ni en el trabajo. Veremos si al menos me deja publicar esto.
A lo que iba ...
En los protocolos médicos para el diagnóstico de la Enfermedad Celiaca se habla de tres biopsias, una, la primera, es la que da la "sospecha", aunque esta es la que, inicialmente, nos pone a todos a dieta sin gluten. No sé en vuestros casos, en el de mi hija siempre ha hablado en los informes de "posible enfermedad celiaca" y que el tratamiento no es otro que el que todos sabemos "dieta rigurosamente exenta de trigo, avena, centeno y cebada". También nos dicen, siempre, que la prueba definitiva es la biopsia y que hay que pasar por ella para confirmar la enfermedad. Pues bien, en el caso de mi hija, su biopsia no fue significativa y por eso hicieron el estudio genético, de ahí sacaron a la mamá, que es la que está escribiendo y la pusieron, sin haber tenido en su vida otro síntoma digestivo, la penitencia de la dieta sin gluten. Eso sí, la biopsia de mamá tampoco denotaba vellosidades intestinales atrofiadas. Ni la madre ni la hija. Las dos a dieta.
Todo esto te hace mantener la esperanza de que se hayan colado, por imposible que lo veas siempre te queda ahí la cosita de que en realidad no lo tienen claro.
Ahora han pasado dos años desde el diagnóstico de mi hija y ha llegado el informe definitivo, el que no pone "posible enfermedad celiaca" sino "Enfermedad Celiaca. Familiaridad". Vamos, que a mí me han diagnosticado por la niña y la niña por mí. Al menos evitamos segundas y terceras biopsias, tanto en un caso como en el otro.
No hay mal que por bien no venga.
(Y ahora voy a quitar pedazo de falta de ortografía del post anterior que me está haciendo daño a los ojos desde que lo escribí, lo publiqué, y no me dejó volver a entrar)

miércoles, 4 de abril de 2007

El Megapost

Me encanta la Semana Santa. El pueblo, la casa de la abuela, la familia, las sábanas húmedas por el frio, la chimenea encendida, las mujeres cocinado el potaje, el bacalao con tomate, las torrijas y la leche frita, mis primo en el portal, los hombres en la calle ... Cuantos recuerdos que ya no volverán ( t.p.a.) ...

Pero otras cosas se mantienen igual, en casa, como en tantas otras castellanas, el protagonista es el bacalao y son las torrijas, como ya he dicho. No hay problema con el primero, pero si lo ha habido ya con las segundas. He probado a hacerlas con pan sin gluten, en concreto con pan de molde y los resultados han sido ca-tas-tró-fi-cos, así que no me voy a extender en explicaciones y en recetas, sólo comentar que una que se me rompió, en caliente, estaba muy, muy buena. Eso me hizo pensar que la cosa había sido más fácil de lo que yo creía, pero mi gozo en un pozo, al enfriarse, el pan se desmigaba y, aunque el sabor era bueno, la textura era bastante desagradable. Creo que ya comenté en este blog que uno de mis postres favoritos eran las torrijas y sólo hay otro que lo supera: LA LECHE FRITA.

De esa he preparado buen cargamento esta noche para terminarla de apañar mañana y degustarla el Jueves Santo. Aquí va la receta (la foto no es de la mía pero intentaré sustituirla cuando la tenga terminada.

LECHE FRITA

Ingredientes para la masa:

1 l de leche; 6 yemas de huevo;200 gr. de azúcar;110 gr. de maizena; Piel de naranja; Piel de limón;Canela en rama



Ingredientes para el rebozado:


Aceite de oliva; Huevos; Azúcar; Canela

Elaboración:

Se cuece la leche con un palito de canela en rama, la piel de la naranja y la del limón. Mientras tanto, en un bol, mezclamos el azúcar con las yemas y la harina, si es necesario se puede añadir un poquito de agua. Cuando la leche haya cogido aroma se cuela sobre la otra mezcla. En este punto, la tradición manda remover y remover hasta adquirir una masa espesa, como crema pastelera, pero yo lo que he hecho ha sido volcarlo en la thermomix y programar 4 minutos, temperatura 90, velocidad 4. Una vez terminada la masa se echa en una fuente y se deja enfriar. Cuando esté fria, se parte en cuadraditos y se van pasando por el huevo y friendo en una sartén con aceite bien caliente, al sacarlos se pasan por una mezcla de azúcar y canela, ahí al gusto del consumidor. Se come frio.

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El bacalao es algo que no he descubierto hace mucho, en realidad, en toda mi infancia y adolescencia lo he odiado casi a muerte. No hay nada peor para un niño que hacerle comer algo que no puede soportar. Tenía una que probar el bacalao al pil-pil para darse cuenta de lo equivocada que estaba y de lo que se estaba perdiendo. Gracias a la thermomix conseguí hacerlo en casa, y después la empanada de bacalao con pasas que conseguí adaptar con harinas sin gluten y ahora (va a ser que este pescado es mi musa) conseguí también hacer unas croquetas, las primeras decentes, y sí, tenían que ser de bacalao. Tampoco la foto es de las mías, de esas ya hemos dado buena cuenta, glutenistas incluídos, y quedan poquitas en congelador, si me acuerdo pasarán a la posteridad antes de hincarles el diente en la próxima.

CROQUETAS DE BACALAO


Ingredientes:

250 gr. de bacalao en migas, desalado.
100 gr. de mantequilla.
50 gr. de aceite
80 gr. de harina proceli
90 gr. de maizena.
800 gr. de leche.
Sal
Pimienta blanca


Elaboración (con thermomix):

Echar en el vaso la mantequilla y el aceite, calentar 2 min., temp. 90, Vel.1, añadir la harina y programar 2 min., temp. 90º, vel. 4. Se incorporan los ingredientes restantes y dos cucharadas del bacalao. Mezclar 10 seg. a vel. 8 y a continuación programar 7 min., temp. 90º, vel.5. Cuando pare la máquina se añade el resto del relleno y se mezcla con la espátula.

Yo, por fin, probé a hacerlas con la manga pastelera y, como siempre tengo que hacer las cosas de un día para otro, eché la masa en la manga, la cerré bien y la dejé hasta el día siguiente. En una bandeja grande eché pan rallado y fui echando tiras de masa con la manga, cortándolas con el cuchillo y luego pasándolas por huevo y otra vez pan rallado. Como me salieron muchas, lo que hice fue sacar la bandeja de los hielos del congelador (la pequeña que va arriba del todo) y las coloqué allí para que se congelaran sin pegarse unas a otras. Luego las pasé a unas bolsas de congelación y tienes para una temporadita.

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Para terminar, una sorpresa ¡¡y de las buenas!! Por fin Marigui ha vuelto a encontrar un momento de fuerzas y le han vuelto las ganas de cocinar. Esta vez es otro tipo de pan que yo, personalmente, todavía no he probado, pero que tiene una estupenda pinta, así que, después de mucho tiempo, con todos ustedes, vuelve a este blog la sección

HOY MARIGUI COCINA: Panecillos tiernos

Ingredientes:

500 grs de harina Mix B de Schär
50 grs de margarina
400 ml de leche
15 grs de levadura fresca
1 huevo
125 grs de leche en polvo
1 pizca de sal

Forma de hacerlo


Derretir la margarina a fuego bajo en un cazo y una vez derretida, retirarla del fuego y diluirla con la leche. Después añadir la levadura y mezclar bien. Incorporar el huevo, la leche en polvo, la sal, la harina y amasar bien (yo lo hago con thermomix). Sacar la masa, darle forma de bollo grande y cubrir con un paño para que fermente durante aproximadamente 15 minutos. Con las manos enharinadas, hacer varios panecillos. Colocar los panecillos en una bandeja de horno sobre papel vegetal y cubrir nuevamente con el paño. Dejar fermentar otros 30 minutos.
Hornear a 220º durante 12-15 minutos. Cuando les queden unos dos minutillos pincelar con aceite de oliva y poner calor arriba para que pillen un color doradito que los haga apetecibles.



Buen provecho

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