Ahora viene el porqué de mi cuerpo jota de ayer y casi de hoy también. El sábado, por fin, para bien o para mal, se celebró la
famosa cenita en este sitio.

Después una copitas en este otro, hasta altas horas de la madrugada.
Nada de dormir al día siguiente más de la cuenta porque nos habían invitado y asistimos por primera vez a un calçotada que organizó la sección catalana de la familia de unos amigos.
Mi amiga me preparó un tarrito especial, sin gluten, de la
salsa típica para degustarlos y se me pudo ver de esta guisa. Torpe, torpe ... pero ya le he cogido el truquillo.
Como no tuve bastante con la comida, por la noche "me liaron", que yo no quería, y salimos otra vez a cenar las amigas dejando a los maridos con los niños, descansando y haciendo la digestión todavía de la copiosa comida de mediodía. Un detalle por nuestra parte, no digáis.
El lunes me despertó el sonido del móvil. Mi hermana. Que te subas a comer. Y yo, claro, no la iba a hacer el feo. Subo y como.
Y cuando ya me había jurado y perjurado a mí misma que el lunes por la noche no iba a hacer nada, entre otras cosas porque estaba sola ya con los niños y no podía salir, me sugieren, me insinúan, me dicen ... y me dan las tres de la mañana, en casa, entre más copitas, risas y nuestro compañero alguna de las largas y frías noches del invierno segoviano.
Y con este plan de vida, os podéis imaginar la
pechaíta a trabajar en casa que me di el martes por la mañana para dejarlo todo como dios manda.
¿Es o no es para estar muerta?
P.D. Mañana os cuento, que me acabo de acordar, otro detallito.