Yo venía hoy aquí a hablar de rosquillas, pero los acontecimientos en la vida se suceden y a veces hay que improvisar o te apetece cambiar te tema. Que les den a las rosquillas hasta el jueves, que para mañana ya tengo tema.
A lo que voy.
Cuando murió Lola Flores lo flipé. No entendía que la gente hiciera cola durante horas para despedirse de ella. Yo nunca lo haría. También lo flipé porque a mí no me gustaba y claro, llama más la atención un "despropósito" así si no entiendes el arte del que se ha ido.
Cuando murió Camarón, sentí mucha pena. Para mí que se iba el más grande y todavía así lo siento. Me arrepentí cada minuto de no haber ido a aquel concierto que dio en las Ventas. No me animé porque me daba nosequé la gente que me lo propuso.
Cuando murió Rocio Jurado, lloré. Tal cual. Y lo digo sin rubor. Me sigo arrepintiendo de aquella vez que, estando en la playa de Fuengirola, la anunciaban aquella noche en el Tívoli y tampoco fui porque no encontré quien me acompañara (fue la vez que estuve más cerca porque casi consigo convencer a una amiga).
Este verano quise ver a Paco de Lucía en Jerez: nadie quería pagar lo que costaba la entrada y tampoco fui sola.
Cuando Enrique Morente cantó este verano en los Jardines Sabatini, no encontré quien me acompañara tampoco. Está visto y comprobado que la gente que me rodea no comparte mis gustos musicales. Quise ir y no fui y ahora ya sólo puedo escucharlo.
Canta tan bonito, es tan grande, que para mí que algunos artistas se mueren sólo un poquito y otros son inmortales.
Nunca más. Por mis niños. A partir de ahora voy donde tenga que ir. Más vale sola que mal acompañada.
Esta canción es cortita. Bajita y de fondo ... es pura magia, os lo aseguro.
¿Os habéis quedado con ganas de ver a alguien que ya no está?
¡¡Ains!