O cómo correr unos cuantos días y pensar que ya eres una deportista de élite.
Allí abajo, a lo lejos, el sitio de mi recreo.
Recuerdo cómo surgió la cita, pero casi no sé ni cómo me atreví con esta aventura, ni cómo conseguí levantarme esa mañana de un domingo de Agosto a las 7 y lo que menos sé es porqué lo hice o qué buscaba.
¿Negro con azul? No debí dejar documento gráfico de esto.
Subir y bajar, piedras, bichos, polvo, parar a coger aliento, empaparte de todo lo que te rodea, oler, ver, seguir subiendo, parar para al final alcanzar tu meta, el reto. Y pensar "¡Coño! Lo he conseguido! ¡¡Estoy arriba!!
El Pico del Lobo, es más alto de la Sierra de Ayllón, en el Sistema Central. A 2.273 metros de altitud.
Y ahí estoy yo, después de degustar el avituallamiento singlu.
Pero, ¡ay señores! No está la cosa en llegar arriba. Eso es sólo la mitad del camino. Luego hay que volver, y subir la montaña que bajaste y bajar la que subiste para llegar a tu nueva meta: el coche. El coche es ese vehículo maravilloso que te transporta sin que tú tengas que mover un dedo o una pierna pero que no sube las 60 escaleras que te llevan al verdadero final del camino: tu casa.
En resúmen: que subí bien, bajé algo peor y creí morir cuando llegué a casa. Eso sí, al día siguiente, ni agujetas ni nada. Que conste en acta.
Al año que viene repito (creo).
Y a vosotros ¿os gustan estos retos?





