De ciento en viento, que diría aquel, a mí me da por tejer. No salgo del punto del derecho y del punto del revés y abandono la labor en cuanto puedo porque es un vicio que me aparta de la cocina, del estudio y de la lectura. Para Nochebuena, mi hijo estrenó esta bufanda. Quedó la mar de chula y mi sobrino (8) me dijo que quería una igual y mi marido, que también.
Y ahora soy yo la que la quiere, porque ha sido vérsela a ella (la lana es igualita aunque la foto con Instagram lo disimule) y pensar en cómo puedo yo vivir sin una bufanda gris.
Como no soy de naturaleza creativa, cuando hago una de estas cosillas no puedo evitar pensar lo que vale el material y el tiempo y que, por mucho menos, seguro que la encuentro.
¿Qué decís? ¿Mejor hecha en casa o comprada?
