lunes, 4 de septiembre de 2006

Cúrcuma

El pasado 17 de Agosto, con premeditación y alevosía de quien lleva esperando el evento un año entero, y estando de vacaciones en el Puerto de Santa María, me metí un madrugón y me marché a San Fernando (Cádiz) a disfrutar de mi sesión de compras en "Los gitanos" (así les llaman allí a los mercadillos). Y pongo la fecha, y pongo todos los antecedentes porque de no haber sido por la descomunal tromba de agua que cayó ese día, que por lo visto salio en informativos nacionales, y que me dejó sin "gitanos", no habría descubierto yo dos cositas interesantes y relacionadas con nuestra dieta.
Siguiendo con la historia, y viendo que el único puesto al que accedimos a puntito estaba de caerse del agua que soportaba, nos metimos en el coche, mi amiga y yo y ¿qué hicimos? Empezamos a dar vueltas por San Fernando (empapaditas) hasta que dimos con la Plaza de Abastos (osea, mercado). Allí hicimos la dos una incursión y decidimos que haríamos una paellita para comer ya que el día no estaba para playas (al final, por la tarde, fue que sí).
El caso es que pude disfrutar allí de auténticas patatas fritas, con anécdota incluída, porque a mis preguntas de si sólo freía las patatas en el aceite el señor, o si hacía también churros, él no hacía más que decirme que si quería churros los tenían enfrente. No sé si en otros puntos esto os puede parecer raro, pero en Madrid es muy habitual que patatero y churrero sean la misma persona. Así que me puse ciega de patatas, muy bien fritas. Deliciosas. Altamente recomendables.
Pero donde pudimos estar cerca de una hora fue en la tienda de especias. Oliendo unas y otras y empeñándose la dueña del puesto en demostrarnos que tenía de todo, salió la cúrcuma a relucir y resulta que es un colorante natural, amarillito para más señas y bastante más barato que el azafrán. Por supuesto que todas las especias que compré eran en grano o en rama y que no me dejé llevar por mis deseos de comprar otras cosas maravillosas que tenía molidas.

Después me he enterado de que precisamente la cúrcuma es una de las especias que componen el curry, la que le da color precisamente, igual que a determinadas mostazas. Y como curiosidad os cuento también que paisanos nuestros repartidos por el mundo la utilizan como sustitutivo del azafrán allí donde no lo encuentran. La cantidad aproximada es de 1/3 de cucharadita de cúrcuma molida para una paella, pero yo imagino que, como en todo, será cuestión de gustos, no sólo en cuanto al sabor sino también por el color (también comemos con los ojos).
P.D. El mono de mercadillo y/o gitanos me lo quité en Jerez de la Frontera prolongando un día mis vacaciones.

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