¡Hola a todos!!
Qué penita de mi blog medio abandonado. Echo muchísimo de menos estar aquí cada día y leer vuestros comentarios. Echo de menos cocinar y "parir" cosas nuevas, investigar, probar y compartirlo. Que os guste, que probéis vosotros también, que os salga bien y que me lo contéis. Quiero volver, pero ahora no puedo estar al 100%.
Y os cuento por qué y qué está pasando en mi vida y cómo mi vida sin gluten, de celiaca, también se ve afectada.
Tengo un trabajo nuevo. No es el trabajo de mis sueños ni me tiene entusiasmada, pero es lo que hay y ahí estoy, dándolo todo en un horario infumable que me tiene sin vida.
¿Y qué tiene esto que ver con este blog y su tema?
Para empezar, ahora soy una mujer tupper. No intentes escaquearte de esto. No hay lugar a la improvisación si luego tienes que ir a trabajar a un sitio en medio de la nada y donde lo único que puede salvarte la vida es un sandwich de máquina. Como celiaco, estás vendido. No hay opción.
No hay café, porque también es de máquina. Ya sabéis, esas máquinas de cafés "del mundo", capuchino, caramelo, cacao, chocolate blanco ... Suena bien, pero tampoco podemos. Así que también he sido una mujer "termo" hasta que a alguien se le ha ocurrido comprar entre unos cuantos una máquina para capsulitas. Salvada en esto al menos.
Día sí día también, es la fiesta del gluten. Se celebra la Navidad, se celebra el Fin de Año, se celebran los Reyes, los cumpleaños, si se va un compañero, si se casa ... Se celebra absolutamente todo. Se celebra con gluten, con todo el gluten de mundo: con bollos, con tartas, con pan, con bombones, con empanadas ... hoy traemos roscón y mañana palmeras de chocolate, pasado una tarta de cumpleaños y la semana que viene canapés. Lo que no tiene gluten, que a veces lo hay, es un nido de migas. Se paga a escote y todos muy contentos.
Yo, que era una celiaca feliz, que tenía controlado mi mundo: familia, amigos, compañeros, bares que frecuento, yo, que vivía rodeada de gente que me cuida y que me mima, que me deja elegir el restaurante y lo que pedimos, que ha aprendido a comprar y cocinar para nosotros, me siento completamente fuera de cada celebración, lejos, distante, porque soy la nueva y porque no puedo comer de nada. Ya he tenido que revelar mi rollo (cómo no) a gente que no conozco, para no parecer, encima, una estirada que no entra en su juego. Y tengo que aguantar casi cada día el "ah, que tú no puedes" y el "ay, pobre".
Pero ¿sabéis qué? Por primera vez en mi vida esta será una batalla perdida porque no habrá lucha. No voy a explicar cada día que yo no puedo, no voy a explicar lo que sí y lo que no y no voy a esperar a que nadie se implique y aprenda.
Estoy cansada y no me apetece.
De momento ...
¿Qué tal vosotros en el trabajo?











